Simple poesía...
Quédate, no estés.
Cuento las veces que busco mi error sintiendo culpa, fue mi rendición.
Recuerdo las mentiras y sus suposiciones convirtiéndose en realidad.
Allí mi tristeza, allí mi alegría.
Suficiente dolor, las heridas y su reencarnación.
Ésas tan tuyas y mías, más propias esperando su sanación.
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Es posible creer, que no luche y si fue así
¿Por qué te dejé?
Dejé aceptar tu adiós.
Las consecuencias, tan típicas, naturales e igual de oscuras como tus ojos.
Trayéndose melancolía a mi alama y nostalgia a mi ventana.
No supe amar no a esto, que llamar amor.
Son saber sí lo fue, fantasma de fe no llora.
Para encontrar las respuestas por sí sola y mi misma.
Cuando la cobardía y el miedo le acompaña.
Por las lágrimas que a las palabras, se avecinan y se asoman.
Con el beso, la sonrisa y el abrazo; ansioso.
Deseando los sueños conocer, los mismos que te dibujaban una y otra vez.
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Vale y cuesta como un impuesto, pero respiración ti ningún dinero pagas.
Es gratis y en total gana, como te vas con el viento, privándome de aliento.
Y entiendo, tienes motivos; esa desesperación que cause.
Diagnostico de cura sintiendo su palpitación.
Entonces viajas a través del humo para encontrarle, en la cercanía tan distante.
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Dichosa la preocupación, ella que sólo quiere hacerse ver, y decirle aún estoy yo.
Imaginando un perdón que no pidió.
Tratando excusas para agradecer.
Breve, no verás que tanto sintió el corazón y éste que a golpes se ahoga para gritarte todo.
Como lo sé, guárdame el secreto ni tan oculto es.
Vamos mírame, permanece ese brillo en las pupilas que pueden confundir.
Disfrazándose de calor, y luz que Bella Luna me brinda como sopor.
A los sentimientos, hoy exhalados en esta simple poesía.
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