Sentí el adiós que nunca se dijo

El que nunca se menciona, se manifiesta.

Efímero.
Más a durado éste, éste grito mudo.
La copia de aquel, que ha venido rompiéndome.
Por crear sonido, sonoras verdades.
Y un viento se lleve, todo lo que escribo.
Con un soplo.

 Clon de suspiros.
Emerge en mis desahogos, junto y los recuerdos.
Es de ingenuos, creerme.
Lo he dicho, ya ha sido suficiente.
Piérdete importancia, mentira blanca.

Mentirosa.
A ti misma, que a mi misma.
Me habla en tercera persona, por razones desconocidas.
No las suficientes, me he dado cuenta.
Es a propósito,  estás tocando raya.

Ariana.
Son las personalidades, que un sentimiento roto han estado dibujando.
Ella  sabe, que solo yo soy su única amiga.
Cualquieras que necesites.
El tiempo las elabora, el corazón las imagina.
Estoy apoyándome, dando el paso.

Respira.
Aún queda trazo y los pies se cansan.
Se te permite negar, no nos interesa si no quieres.
La consciencia habla, tengo por entendido obedecerla.
Como último recurso, extinción razonamiento.

Pensamiento.
 Los trabados y sus procesos de aislamiento.
Hemisferio derecho, congelándome los hechos.
Así suceden las cápsulas del tiempo.
El frío las eterniza, la mente no tiene calor.

Adiós.
No es tan difícil, es un final.
Uno de los buenos, de los que necesito.
No más ausencias, esas no me sirven.
Rojos dejándome a la incertidumbre, de textos.
Cuanto más puedo decir, allí estaba yo sorprendiéndome a mi misma.
Ojos empañados, tal parece algo cae siempre.
Lo que se parte no es cristal, no es gravedad.
Hoyo sin fondo, como las fuentes.
Vacías y secas, no les ve se siente.

Sentí el adiós que nunca se dijo.

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