¿Qué te pasa?



He de responderte nada, porque eso significaría lo que sucede a tu compresión. De cómo me harta las mismas situaciones todo el tiempo, me harta ver su devoción hacia un sinónimo de felicidad. Que nunca jamás, ha sido exactamente concreto.

Me hartan sus pensamientos y mi dificultad de entender el apego al daño del que están acostumbrados. El mismo que en esta vida no ha sido suficiente para sopesar la tristeza, amargura, dolor y rencor consecuente de las despedidas. Porque están tan empedernidos, llevándose los ratos creyendo que son sus amores eternos, los inmortales que se desvanecen en un tris junto con sus sonrisas y magia de la que tanto alardeaban.

Me harta como se dejan depender de eso que siquiera suelo tiene ¿En dónde caen tanta cursilerías? Y lo juzgo, no; dar tanta cabeza a un cliché moderno requiere mucho esfuerzo que pierdo sí imagino como terminará mi mente. 


Me harta hasta a los huesos sus mañas vueltas inercia, la tentación de querer y como los pecados, pagan el precio dentro de un infierno que se personifica con el despecho. Y desprende; carcome desesperación a los meses, las semanas y los días siquiera que por completo, no asimilan lo que acabó. No lo critico, solo me harta en este punto de quiebre que se rompe en silencio. No molesto lo que me molesta, una batalla comenzaría y dar guerra con palabras es ineficiente e insuficiente, no trae cordura o un poco más de paciencia, a las cabezas y sus pensamientos. No tocan puertas de sentido común, ni abren ventanas del razonamiento.

Me harta en la raíz de mi hemisferio; como raya en la ignorancia en un sitio perdido, sin salvación no les comprenden los que rescatan. Pero despierto, probablemente ahogada en fuentes y formatos; yo la quien no se ha adaptado a éste entorno, es. Entonces por esto las molestias, el disgusto y el enojo, porque imaginé y vi un época que viví. Donde el amor que, hoy tantos profanan con estupideces y prototipos; era algo puro, sagrado, bendito tanto igual o más. 

Me harta y en ello está, el acto y el hecho de lo que ya; en sus estúpidas neuronas habita como símbolo de maduración, estatus y un éxtasis hormonal. Cuales son incapaces de controlar o simplemente responsabilizar, ni en un millón de maquinas del tiempo tacharía junto a sus acciones, eso nunca. Porque tal vez, aún me detuve en un ciclo, yo me quedé y vi a los demás salir.

Me harta sus exageraciones metafóricamente reales; ellos tan llenos e hinchados de ganas, comerse el mundo y vomitarle. Cegados del conocimiento que no saben nada, no te vale una información que no tiene práctica. Asegurando que no fue así, explícame ahora porque huyes de tu sangre la que encarnaste en alguien. La misma a ti, aquella que también se había vomitado al mundo totalmente, la que vivió todo tan solo a los 17 quizás.

Me harta tanto el esqueleto entero, no conseguir esperanza alguna de mantener una dignidad alrededor de mis semejantes. La edad es solo un factor común, no una habilidad extraordinaria o herencia esporádica que transmite ideas y criterios. Porque indudablemente todo podría cuestionarlo, lo que importa verdaderamente pierde significado se transforman en conceptos vacíos para ésos. Mentes huecas llenas de vicios, preocupados buscando la única manera de disfrutar la vida. Aparentemente, la única que ahora la existe; al menos según ellos.

Me harta cavando el alma, porque transciende en un recóndito escondido de este ser que, sueña en ver el giro de la juventud. Dando rueda a la dirección correcta, la recta construida de los tesoros que se derrumbaron con los atropellos de la sociedad y su involución. 


Un hueco en el corazón, pinta los sentimientos y los tiñe en el mundo.

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