Over the horizon

—93 million miles from the Sun. 240 thousand miles from the Moon.


Es bastante lejos ¿Verdad? Aún así ambos, siempre están allí. En ese enorme e infinito azul que sonríe con las nubes de la mañana y sueña con las luces de la madrugada. Caminando o corriendo, donde quiera que vayamos somos testigos del día y de la noche, y esa perfección mutua que es irrefutable. Aunque en algún momento se extraña y por mucho en un punto, se torna triste ese breve adiós hasta que se vuelve a tener.

Quería dedicar éstas palabras a la nostalgia, porque no existe ya esa excusa del Septiembre, se fue con estos días vacíos que apenas comienzan, tan dolorosos trayendo intermitentemente las despedidas, que en un momento tocaría dar. Pero nunca nos preparamos para ello, y por ello duele; no completamente sino entristece porque el inconsciente no las quería y por eso no las aceptamos. No por ahora, más cuando ese rayo de luz avise el nuevo camino que ha empezado, ese tan esperado ¿Sí se esperaba tanto?

But the absence of the light is a necessary part.

Y llegan esos recuerdos una vez más, pero no con nostalgia; con melancolía de esa que es acompañada de alegría por la sonrisa efímera que provoca por los buenos tiempos. Como un brindis y un Diciembre, como los obsequios y los Cumpleaños, o los fuegos artificiales. Porque al final, sólo te queda pensar de ese modo, con felicidad y no es de menos, sí es el sonido dictamen y dueño del tiempo, para aquel que un día lejos estará de mí y éste hueco que se siente, porque parece eterno.

Ese es el propósito de las horas, los minutos, las estrellas, el canto de un gallo. Los comienzos, tan importantes y en casos amenos, no los percibimos y siguen formando parte de la vida. Ésa que queramos y en ocasiones no lo querremos, pero debemos sobrellevar. Inexplicable mecanismo el de nosotros los humanos ¿No? Complejo sistema, tan complicados nosotros aún esforzándonos en entendernos, cuando somos una belleza abstracta que lo mueve todo.

Y nos queda, nos queda continuar avanzando mientras damos las gracias con un abrazo a ese camino que se cruzó en el nuestro unió senderos sin perder el rumbo. Tan especiales y amables, regando la vida que en nuestras piedras habitaba, haciéndola florecer. Ayudando enderechar ese trazo que una ligera desviación presentaba, y nunca estaba demás no, nunca estorbaba esa lección de concreto herramienta elemental, mientras en el recorrido construíamos más. 

Por eso no puedo dedicártelas nostalgia, que si inspiraste no fue el motivo final el que te convirtió. Fue una canción y unos cuantos pensamientos que con ella se mezclaron, que de lágrimas veía brotar, pero no alcanzaron, porque no hallaron razón tan triste. Aunque al principio lo fuese no era suficiente, pues había mucha alegría por encima mucha más, de la que un corazón enajenado podría soportar. 

De la mejor manera era preciso que debía acabar, así es y será; es fortaleza lo que otorga y valentía a quien con él le lleva si le permite. Sí le permite comenzar una vez más, sí le permite sin dejar atrás ningún recuerdo, sí le permite sonreír porque la tristeza no opaca perlas, sí le permite llorar por la dicha y por fortuna de aquellos caminos haber cruzado, sí le permite por ser feliz de la vida que le ha tocado.

Aún mirando por encima del horizonte, porque los momentos no se borran y siempre regresan, en ese sitio donde la distancia se esfuma. Y el Sol y la Luna se vuelven a abrazar.

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