Reflejos furtivos en el tiempo

La última vez me miré con paso moderado pero firme, no he retrocedido; pero el espejo se me ha invertido. Desde aquí atrás, mi espalda yace un poco encorvada y los talones me marcan historias dolorosas, aún me duelen pero las continuo pisando.
¿Será que esa chica allá en el frente no está viendo los próximos huecos? Le dolerá tanto esa caída.

Hubiese pedido una advertencia antes, pero los sueños te llevan tan alto que no sientes el concreto sino el cielo. Empañándote tanto los ojos, imitando a la luz del amanecer a través de las ventanas hasta tu rostro. Aunque lo único cierto sea, que sólo al final siguen siendo tuyos aún dejándote caer, necesitan saber, saber.
¿Qué tanto vas a levantarte por ellos?

Todavía me digo que esto ha sido un raspón, pero arde tanto y no cicatriza. Claro, también se ha quebrado un poco de mi espíritu, y no encontré muchos escombros de él. Porque se rompe más, en estos días; desde que los pensamientos me inundan las noches en mareas oscuras sin fondo. Y allí en el infinito hoyo, logro ver el firmamento sin Lunas, distante de cualquier aurora o astro.
Abandonada a contemplar, a existir.

Innumerable veces me debatía la diferencia entre existir y vivir. Y siempre me convencía de que únicamente "existir" era estar muerto, ocupar un sitio en el tiempo-espacio sin visiones ni metas, deambulante solitario. Porque ¿Tiene sentido vivir sin ello? ¿De algún modo se logra? 
No de ninguno, te sientes tan vacío, una cáscara.

Entonces el miedo halló la manera de escurrirse en mi mente, y de trastazo me encontré imaginando mi posible futuro. En un comienzo me agradaba lo que veía
Metas alcanzadas. Sueños cumplidos. Éxitos celebrados. Diseñadora de trayectoria impecable. En la cúspide. Pero luego, siempre luego.

Sola.
Siempre sola, no por haberme convertido en otra. Seguía teniendo amigos sinceros y familiares afectuosos, personas importantes para mí. Y sin embargo, no había amor, absolutamente nadie a mi lado. Lo había conseguido, envolverme fríamente en el pánico. De aquí para allá diciéndome
¿Por qué? ¿Tanto me cerraré? Pero nunca fue eso, o en su totalidad.

Excavé otro poco, relucía como diamante en bruto, su verdadero propósito.
El tiempo, con ésta juventud tan pronta y llena de tropiezos, sentía la vida escapándose de mis manos.
Queriéndolo tener todo, pero él repiqueteando su tic tac incluso en ese momento. 
Me rendí a su razón, porque la tendría.

 ¿Me alcanzaría lo suficiente entonces? ¿Culminar mis estudios? ¿Desarrollar mi carrera al nivel que deseo? ¿Construir todo lo que siempre he querido? ¿Conocer el mundo como lo espero? Y entre ello ¿Hallar los minutos para compartir con mi familia? ¿Con mis amigos? Y finalmente ¿Tener la paciencia para encontrar esa persona ideal? Porque de encontrar a mi otra mitad ¿Me quedará posibilidad? 
Y que todo suceda, antes de que envejezca y pierda el cierto encanto que anida la juventud.

Por esa noche. 
Hoy abogo por la tristeza, ésa; la que baila con la soledad. 
Hasta demostrarme lo contrario.
Y decirle al tiempo, que estaba tan equivocado. 

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