Ajena de mí

Se me acojona el pecho, el saber como muero
Como hay una lapso de tiempo en la vida, que te aprisiona y te encadena
Porque así la rutina es como me carcome, y entre las horas y los días
Ya no noto que parte de mi es la que respira
Se me han ahogado las letras, no, peor que ello
He ahogado las razones
Ya no emerge una voz, ya no siento la esencia, ya no percibo la chispa
Que coloreaba mis palabras para conformar obras de arte
Ya no.
*
¿Y por qué?
¿Finalmente me he resignado a que sí?
Que así será mi vida sin importar que
¿Para que huirle a las tormentas qué siempre van a haber?
Que me mojen y que me enfermen
Que simplemente sigo recuperándome de ellas
Porque igual son inevitables
¿Para que ignorar el ocaso qué siempre va a resplandecer?
Que me maraville y me ilumine
Que incluso me duela su belleza
Porque igual es imposible borrarle
¿Para que cerrarle la ventana a la Luna qué siempre va a encandecer?
Que se filtra por donde quiera y así encuentra mi mirada
Que aún bajando mis ojos querré robar su brillo
Porque igual en la más opaca noche su luz es inamovible.
*
¿Entonces para qué?
¿Para qué huirle a los problemas que igual inundarán mi vida como la lluvia?
¿Para qué ignorar el pasado en vez de agradecerle, a ése; que me ha hecho otra persona?
¿Para que cerrarme a los sentimientos que el destino me brinda, incluso cuando subestimo si verdaderamente me pertenecen?
¿Para qué?
¿Por qué no dejarlo a todo ser?
Siendo así posible que sí, si me he estancado en la monotonía
Que entre hoy y mañana, no notaré la diferencia
Que soy hielo, viento y tierra
Estoy fría, seca y quieta
*

Pero que a pesar de ello, yo
Y todas las partes de mí que se mantenían en guerra
Han llegado una tregua en la que he conseguido vivir
Aunque la incertidumbre me visita cuando quiere
Y hasta el propio menosprecio se asoma de cuando en vez, y me pone en duda
Pero aún así
He comprendido que no muero del todo
Que mi alma es inmortal y se manifiesta en reencarnaciones
De líneas e incongruencias como éstas
Y que continua enamorada del mundo, desde la esquina en que lo observo
Y aún esta cabeza no divisa su rumbo, o alguno tangible
Está dañada y obsoleta como su forma de sentir
Callada y ajena
Ajena de lo que sucede a sus anchas
Ajena de las sonrisas
Ajena de la caricia
Ajena de los momentos
Ajena de mí
Ajena de mí, pero sin morir
*

Comentarios