La última vez

I
La última vez que escribí, prometí odiarte. 
Borrarte de cada esquina de mi memoria. 
Tallarte fuera de mi piel, arrancarte de mi alma. 
Desvanecerte, evaporarte, asfixiarte. 
Y lo logré, pero a qué costo.

Nada es tan simple, ni tan fácil. Nunca lo fue contigo. 
Conseguí estar tranquila conmigo. Perdonarme, quererme, y aún así. 
Te quedaste sentado, te colaste en las sombras. Donde no podía verte.

Porque eso haces, o es lo que fuiste. 
Un maldito egoísta, un fantasma. 
Que se llevó todo, y más de lo que podía. 
Te llevaste tanto, y pensé que no importaría. 
Porque yo era más fuerte que tú. 
Y me levantaría, con más coraje. 
Me lo repetía día tras día.

II
Porque en la oscuridad en la que me dejaste sumergida. 
Ciega. Débil. Quieta. Vacía. 
Sintiendo como poco a poco, te quedabas con mi vida. 
Con todo el espacio, con mi energía, con mi alegría. 
Esa que se suponía. Debía ser mía, sólo mía.

No la regresaste... La recuperé, con creces. 
Embargaste mi chispa, te robaste mi aura. Mi furor, mi pasión. 
La tomaste; porque si no era para ti, no lo sería para nadie. 
Ni siquiera para mi misma.

Y no lo noté ¿Cómo podría no verlo? Claro.

III
Despierta. Finalmente huí de la pesadilla, en la que estaba inmersa. 
Pero no escapé ilesa. 
Y en el vago intento de reensamblar mis piezas. De cuidarme, sanar entera. 
Al llegar a ese punto, me daría cuenta.

Ya no era yo. Más nunca estaría completa. 
No era la misma, me hallaba muerta. 
Algo que atesoraba. Mi brillo, mi esencia. 
Los secuestraste, los mantuviste con vida. 
Porque de morir, renacerían en mí y volverían conmigo.

Con el tiempo pensé que funcionaría. 
La huella borrosa de tu existencia. 
La palabra sin sonido de tu nombre. 
El cadáver de una sombra. 
Ni siquiera puedo llamarlo recuerdo. Creí. Que te irías.
Así como intentaste marcharte, siempre.

IV
Pero preferiste ser un peso.
Un monolito invisible sobre mi espalda. Mi alma y mi mente. 
Sellando con él todas las partes de mí que extraño. Y me extraño tanto. 
Porque era lo mejor de mí.

La última vez, prometí no escribir. 
No crear, no inspirarme. 
Me perseguía el dolor de haber dado tanto. Con cada centímetro de mí. 
Para terminar con un hoyo el pecho, únicamente yo.

Pero ya es suficiente. 
Fuiste tantas cosas, por las que me castigué tanto tiempo. 
Por las que me encerré; me aislé y sufrí. Por las que alejé a los demás. 
Fuiste tantas cosas, pero es la última vez.

 V
La última vez.
En que permito a nadie, tener poder sobre mí.

La última vez.
En que concedo a nadie, llevarse lo más valioso que tengo... A mí.

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